"La música es sinónimo de libertad, de tocar lo que quieras y como quieras, siempre que sea bueno y tenga pasión. Que la música sea el alimento del amor."
"Music is synonym of freedom, of playing what you want and how you want, as long as it's good and made with passion. Let music be love's food."
Kurt Cobain (1967-1994)

martes, 25 de octubre de 2011

Queridos dictadores (Miguel Poveda - Final!)

CXXIV
"Rata de la més mala delinqüència,
t'esqueia una altra mort amb violència,
la fi de tants des d'aquell juliol."

FINAL!
Miguel Poveda
Desglaç
Discmedi
2005

Luis XVI por los pelos
(ENGLISH AHEAD) Para no irme demasiado lejos en el tiempo, empezaré recordando a Luis XVI, rey de Francia, guillotinado por los abanderados de la Primera República Francesa en 1793. Dando un salto de más de un siglo, el zar Nicolás II y su familia no corrieron mejor suerte de mano de los soviets en 1918. Poco antes de finalizar la Segunda Guerra Mundial, Mussolini dio con sus huesos en una plaza milanesa, colgado de los pies, tras haber sido capturado y fusilado por unos partisanos comunistas cuando intentaba huir hacia un refugio de dictadores denominado Suiza. 

Mussolini y Cia en el secadero
Era el 28 de abril de 1945, dos días antes de que Hitler se quitara la vida en su búnker berlinés en un pretendido acto de evitar el juicio de la humanidad ante sus crímenes y que no hizo sino subrayar el carácter mediocre, mezquino y cobarde del susodicho. Más reciente es el caso de Anastasio Somoza, ex-dictador nicaragüense, que fue asesinado en 1980 en su dorado exilio paraguayo (ofrecido por el no menos sanguinario dictador Stroessner) por un grupo guerrillero marxista argentino (curioso el dato de la calle en la que Somoza sufrió su "accidente": avenida Francisco Franco). 

Ceaucescu y esposa, muy serios
Cómo no recordar el juicio sumarísimo y posterior fusilamiento de Nicolae Ceaucescu y esposa en el día de Navidad de 1989, a manos de un pseudo-tribunal popular cutre que decía representar al pueblo, o al salvaje Pol Pot, que fue devorado por su propia criatura, los jemeres rojos y extraoficialmente hecho desaparecer en 1998 (oficialmente víctima de un infarto) en medio de la jungla camboyana, donde estaba prisionero. A buen seguro esta lista es incompleta, pero éstos son los nombres más relevantes que me han venido a la cabeza de forma cronológica sin consultar muchos datos en Internet.

Vistas desde la distancia, todas estas ejecuciones de tiranos a manos de grupos más o menos representantes de sus propios pueblos oprimidos nos resultan poco más que guiños irónicos del destino, jugadas maestras escondidas en la manga que el sino les tenía preparadas a aquellos que habían despreciado de forma tan flagrante la dignidad humana. Pero parece ser que la historia es caprichosa y hay quien se empeña en reescribir capítulos que ya han sido contados cientos de veces en los libros. Y así, en nuestro presente, la caída en desgracia de los dictadores de Túnez, Egipto y, cómo no, Libia, nos demuestra que la tozudez humana no tiene fin.

Ante la evitable espectacularización del ajusticiamiento de Gadafi, tan cruel y sanguinario como los crímenes que él mismo cometió, pero casi tan inevitable como el de los tiranos que más arriba he citado, cuyo castillo de naipes se desmorona en el momento en que la sociedad hace click y la autoridad del poder tiránico frente a su pueblo oprimido es definitivamente superada, no hago otra reflexión que la siguiente: si yo me llamara Bashar Al Assad, no dormiría tranquilo en mi Siria encendida.

Fernando VII, su cara lo dice todo
Curiosamente, aquí en España, no hemos gozado nunca de semejante catarsis nacional, y eso que ocasiones hemos tenido. Reyes absolutistas, los que quieran (ésos Austrias); monarcas extranjeros que negaron su identidad a otros pueblos (ese Felipe d'Anjou), o que hicieron de la corte su cortijo, para vendernos luego al mejor postor -léase Francia- y salir indemnes de la operación (ay, ese Carlos IV y su ínclito hijo Fernando VII, posiblemente el monarca de la peor calaña que pisó suelo patrio) y dos, sí, sólo dos dictadores propiamente dichos: Primo de Rivera y Franco. El primero lo tuvo fácil, pues el rey Alfonso XIII (otro que tal baila) bendijo su golpe de estado al principio y le obligó a dimitir al final. Moría tranquilamente en París a los seis meses de dejar el poder.

La vergüenza nacional
Del segundo, qué les voy a contar... A estas alturas mis pocos pero fieles lectores ya saben de qué pie cojeo ideológicamente hablando. Si después de todo esto les digo que el linchamiento a Gadafi me parece una brutalidad, y que lo que les deseo a todos los dictadores es un final al estilo Radovan Karadzic (calentando silla en el Tribunal de La Haya) me tacharán de "bambi", pero mi postura es moral: deseo aquello que dignifique a la raza humana. Pero de ahí a no sentir asco y desear la peor de las torturas a aquellos que han infligido tanto dolor gratuito en nombre de una ideología o religión va un trecho. Y eso de tener a un dictador enterrado en Patrimonio Nacional rodeado de los espíritus de aquellos que fueron obligados a construirle el mausoleo para que todos los años un puñado de fanáticos sigan rindiéndole homenaje público no se ve en ningún lugar del globo. Y es que, ni lo de Gadafi, ni lo de Franco.

Por eso me identifico tanto con el poema de Joan Brossa, Final! Un grito de alegría y asco contenido durante años. Un texto brutalmente directo, una bomba detonada por la sed de justicia y el desencanto de ver cómo Franco se fue de este mundo sin ni siquiera sentir ese miedo que hoy hemos recordado en las caras desencajadas y las miradas ausentes de Ceaucescu o Gadafi antes de morir. Ni siquiera sintió la indignación de un Pinochet ante la incomprensión de un juicio que nunca pensó protagonizar. Ni por supuesto, jamás escuchó las condenas de parte de un tribunal democráticamente constituido como lo hicieron los generales argentinos. Por todo eso se me revuelven las tripas como a Brossa cuando escucho eso de "pues Franco hizo muchas cosas buenas".

Y vamos, por fin, con la música. Por si el poema de Brossa no fuera material suficientemente explosivo, lo que hace Miguel Poveda con él es doblemente valioso. Si eres de los que no has descubierto al cantaor catalán por tener todavía reparos con el flamenco, te aconsejo empezar con este disco en que muestra su versatilidad, más allá del flamenco, cantando poemas de Brossa, Verdaguer o Margarit en la lengua en que fueron escritos. Su interpretación de Final!, a ritmo de tango, es tan desgarradora y emocionante como cualquier soleá a las que nos tiene acostumbrados. Si ya es difícil de por sí ponerle música a la poesía, más lo es cantarla sin traicionar el espíritu de la composición. Pero los genios tienen eso, que si se juntan, crean más arte, más belleza. La rabia que emerge de la obra de Brossa se convierte en un canto de triunfo, el de los que todavía estamos vivos para mandar un mensaje de firmeza a los que nos gobiernan. Una vez más, el arte se pone al servicio de la Humanidad.


Not to go too far in time, I'll start remembering Louis XVI, King of France, guillotined by the leaders of the First French Republic in 1793. Jumping over a century, Tsar Nicholas II and his family did not have a better end in the hands of the Soviets in 1918. Shortly before the end of World War II, Mussolini end up in a square in Milan, hung upside down, having been captured and shot by communist partisans while trying to flee to a refuge of dictators called Switzerland. It was April 28, 1945, two days before Hitler took his life in his bunker in Berlin in an alleged act of avoiding the judgement of mankind to his crimes and did nothing but emphasize his mediocre, miserable and coward behaviour. More recently, the case of Anastasio Somoza, former Nicaraguan dictator, who was assassinated in 1980 in his golden exile in Paraguay (offered by the no less cruel dictator Stroessner) by an Argentinian Marxist guerrilla group (thre is a curious fact regarding the street where Somoza suffered his "accident": Avenue Francisco Franco). How can we forget the summary trial and subsequent execution of Nicolae Ceausescu and his wife on Christmas Day 1989 at the hands of a dodgy pseudo-popular tribunal which claimed to represent the people, or the savage Pol Pot, who was devoured by his own creation , the Red Khmer and unofficially made to disappear in 1998 (officially of a heart attack) in the jungle of Cambodia, where he was detained. Surely this list is incomplete, but these are the most important names that have come to me in chronological order without consulting much information online.

Seen from a distance, all these executions of tyrants at the hands of groups more or less representative of their own oppressed people appear to us as little more than ironic twists of fate, master strokes that were hidden in the sleeve of destiny destined to those who had despised  human dignity so flagrantly. But it seems that history is fickle and there are those who insist on rewriting chapters have already been told hundreds of times in the books. And so, in our present, the downfall of dictators in Tunisia, Egypt and, of course, Libya, shows that human stubbornness has no end.

After the avoidable show of the execution of Gaddafi, as cruel and bloodthirsty as the crimes that he had committed, but almost as inevitable as that of the tyrants I have quoted above, whose house of cards falls apart the moment society wakes up and the tyrannical authority on his oppressed people is definitely overcome, my only conclusion is: if I were Bashar Al Assad, I would not sleep peacefully in my outraged Syria.

Interestingly, here in Spain, we have not ever enjoyed such a national catharsis, and not because we have had no opportunities. Absolutist kings, we did have (see the Habsburgs) foreign monarchs who denied their identity to other peoples (see Philip d'Anjou), or those who turned court into their farm and then sold it to the highest bidder -read France- and get away with the operation unharmed (oh, the illustrious Carlos IV and Fernando VII his son, possibly the worst monarch to set foot on native soil) and two, yes, only two dictators: Primo de Rivera and Franco. King Alfonso XIII (another nasty figure) blessed his coup at the beginning and forced him to resign at the end. He died peacefully in Paris within six months of leaving office.
The second, what can I tell you about the second ... At this point my few but faithful readers already know where I stand ideologically. If after all this I say that lynching Gaddafi seems to me a brutality, and what I wish is that all dictators end up at the tribunal in The Hague as Radovan Karadzic, I'm sure I'll be called naive. But my stance is a moral one: I want what dignifies the human race. Saying so, I don't mean I have never wished the worst of the tortures to those who have inflicted so much pain in the name of an ideology or religion. Moreover, I find having a dictator's tomb on National Heritage, surrounded by the spirits of those who were forced to build his own mausoleum, so that a handful of fans can continue to pay public tribute to him every year is a grotesque scenario never seen anywhere else. So, neither Gaddafi's lynching, nor Franco's memory preserved in public places.

That is why I identify myself with Joan Brossa's poem Final! A cry of joy and disgust kept in for years. A brutally direct text, a bomb detonated by the thirst for justice and disappointment of seeing Franco leave this world without feeling the fear that today we have seen in the shocked faces and absent looks or Gaddafi or Ceausescu before they died . Not even did he feel the indignation of Pinochet before a trial that he never thought he would star in. Of course, he never heard the sentences of a democratically constituted court as the Argentine generals did. For all that, my stomach gets turned as Brossa's when I hear such things as "but Franco did many good things..."

Now, let's get into the music stuff. The poem is explosive material, but Miguel Poveda has made it doubye valuable. If you are have not yet discovered the Catalan singer because of you still have qualms with flamenco, I advise you start with this album that shows his versatility beyond flamenco, singing poems by Brossa, Margarit Verdaguer in the language in which they were written. His interpretation of Final!, to the rhythm of tango, is so poignant and exciting as any of the flamenco pieces to which we were accustomed. It is really hard to add music to poetry, and even more to sing it without betraying the spirit of the composition. But geniuses are so, if they come together, they create more art, more beauty. The rage that emerges from Brossa's work becomes a song of triumph, the triumph of those who are still alive to send a firm message to those who govern us. Once again, art is at the service of humanity.

Enlaces:
Página oficial de Miguel Poveda: www.miguelpoveda.com