"La música es sinónimo de libertad, de tocar lo que quieras y como quieras, siempre que sea bueno y tenga pasión. Que la música sea el alimento del amor."
"Music is synonym of freedom, of playing what you want and how you want, as long as it's good and made with passion. Let music be love's food."
Kurt Cobain (1967-1994)

sábado, 6 de noviembre de 2010

Lions and dogs (Van Morrison - Sometimes We Cry)

LXIV
"Sometimes we live, sometimes we die, sometimes we cry"

SOMETIMES WE CRY
Van Morrison
The Healing Game
Polydor
1997

(ENGLISH AHEAD) Desde el primer momento, mi madre me dijo: "tiene una mirada triste." Estuvimos juntos quince años, durante los cuales se escuchó todos y cada uno de los discos de Van Morrison según caían en mis manos, y nunca protestó. No era muy exigente en lo que se refiere a las tareas de casa, y yo siempre le echaba en cara su poca tendencia a recoger lo que iba dejando por ahí; vamos, que ensuciaba más que limpiaba, pero luego aceptaba de buen grado todo lo que le proponía. No me hacía la comida, pero siempre que llegaba a casa mostraba la alegría de quien no ha visto a un ser querido en años. Tanto me había acostumbrado a su carácter que había días que ni le devolvía el saludo. Aún así, al día siguiente, ella no me lo había tomado en cuenta. Le gustaba quedarse largas temporadas en la casa de verano de mis padres, donde respiraba el aire que el resto del año no había en la ciudad. Se puso enferma en varias ocasiones, algunas graves, pero demostró un espíritu de superación y de resistencia digno de elogio. Ahí si nos dio una buena lección. Ayer se fue definitivamente. Hoy he abierto la puerta de casa y por primera vez, al no poder alegrarme por su presencia, se me han salido las lágrimas. 


Senda nunca se consideró a si misma un can. Rehuyó casi obsesivamente el mezclarse con otros individuos de su especie, e incluso, como los humanos, con el tiempo, no le entraban ganas de conocer a más personas. Ella era fiel a los suyos y, los demás, que no le vinieran con tonterías -los responsables del hotel canino donde se quedaba algún fin de semana le habían apodado cariñosamente "la Señora". Como yo, respondía con malas caras a las impertinencias y a la mala educación (no sé quién se lo pegó a quién), y no se destacaba por ser el típico perro que se lanza a tu estómago y te da lametones encima de la cama, pero siempre recordaré su cabeza apoyada en mi muslo cada vez que esperábamos el ascensor para bajar a pasear: era su particular gesto que los humanos tendemos a interpretar como de cariño y amor y que probablemente no sea más que un gesto instintivo y propio de su naturaleza animal. No le dimos una vida de campo y monte, como se pudo merecer, sino una de ciudad y piso, pero se acostumbró a ella y al final, no quiso otra. Formaba parte de la familia y ahora la extraño como a uno más. Mi madre tenía razón: tenía la mirada triste y para ser humana solo le faltaba llorar.


A Van Morrison lo he visto actuar como cinco veces en España. En Barcelona, dos veces, Valencia, Benidorm y Castellón. La primera vez, el 9 de octubre de 1996, en el Palau Vall d'Hebron de Barcelona me quedé gratamente sorprendido con un espectáculo de más de dos horas y varios bises, el último de los cuales fue un avance de su siguiente disco, The Healing Game. Precisamente tocó la canción que da nombre al álbum, y nos dejó al auditorio petrificado. Van, acompañado de los músicos con los que acababa de dejar registrado el monumental directo de A Night in San Francisco, ofreció la mejor versión de sí mismo: un músico descomunal, un derroche de sentimiento y una mezcla de introspección, furia y éxtasis como no he vuelto a ver en mi vida, ni siquiera en él mismo. Con la edad, Van empieza a cumplir su cometido nunca más allá de lo pactado, que es una hora y media de concierto. Ya pocas veces se desmelena. Y los bises... si me da la gana, y sólo uno. Pero Van es, EL HOMBRE (The Man), y se irá siendo hosco, huraño, esquivo y poco amigo de cumplidos cara a la galería. Y me da igual que así sea, aunque no haya vuelto a sacar un álbum tan redondo como The Healing Game y ya no haya jamás un Astral Weeks. Porque su música nos acompaña durante toda la vida -dicen que Van tiene una canción para cada estado de ánimo-, a veces nos estremece, otras nos acaricia suavemente la piel, otras nos da lametones y otras hasta nos ladra, pero jamás, jamás, nos abandona. Él, más que un perro, es un fiel león.

From the very beginning my mum said: "She's got a sad look". We were fifteen years together, and all this time she listened to every single album by Van Morrison that fell into my hands, and she never complained. She didn't care much about housework, so I was a bit fed up with her little concern about leaving her stuff around; clearly, she  got everything dirty instead of cleaning, but then she accepted willingly any suggestion. She would never cook for me, but she always showed excitement every time I came in from work, as if she hadn't seen me for ages. I was so used to her reaction that on many occasions, I simply forgot to greet her back. Nevertheless, the next day she acted as usual, no grudge.  She liked staying at my parents' summer residence for long periods. There she would breathe the fresh air that lacked in town. She got seriously ill several times, but she showed a praiseworthy spirit of resistance. Yesterday she left for good. Today, I have opened the door to my flat and I couldn't keep my teardrops at the sight of the empty corridor.

Senda never considered herself a hound. She refused to mingle with other dogs, and  as the human being that she thought she was, she started to dislike meeting new people as she grew old. She was just faithful to her beloved ones but couldn't be bothered about the rest of the world -the people in the canine residence where she used to stay on certain weekends used to call her "The Lady". As myself, she reacted bitterly to impertinence and bad manners (I don't know who passed it on to whom), and didn't stand out for her licking your cheeks on the bed on Saturday mornings, but I'll never forget her head leaning against my thigh while waiting for the lift to go out for a walk.  Where there was probably no more than natural instinct I wanted to believe that it was  a  true manifestation of love and affection. We gave her an urban and home-loving life, instead of a deserved country and open-air one, but she got used to it and never asked for anything different.  She was part of the family and now I miss her as so. My mum was right: she had a sad look and crying was nearly the only thing she had left to do to be called human.

I have been to several Van Morrison shows throughout the years. The first one in Barcelona, on October 9th, 1996, where I was really surprised by a more-than-two-hour show and several encores, the last one being an advance of his next album, The Healing Game. It was the title track that left the audience out of breath. He was accompanied by the musicians that had toured with him following the A Night in San Francisco magnificent live recording, and he offered the best version of himself: a huge artist, a tremendous display of feeling and a mixture of introspection, fury and ecstasy as I have never again experienced, not even in his next shows. Through the years, Van has started showing no more than a professional performance, no more than one-and-a-half hours of music and one encore, if you're lucky and he feels like it. Rarely does he run wild on stage any longer. But he's Van The Man and will die a surly, unsociable man, not prone to play to the gallery. And I don't mind his being so, even if he hasn't issued another album as good as The Healing Game or there will be no other Astral Weeks. His music will always accompany our lives -it's said he has a song for every mood-, some songs move you, some caress your skin, some lick our face and others just bark at you, but his music never ever deserts you. More than a dog, he is a faithful lion.


Enlaces/Links:
Van Morrison's official website: www.vanmorrison.com
Van Morrison's unofficial blog: vanmorrisonnews.blogspot.com