"La música es sinónimo de libertad, de tocar lo que quieras y como quieras, siempre que sea bueno y tenga pasión. Que la música sea el alimento del amor."
"Music is synonym of freedom, of playing what you want and how you want, as long as it's good and made with passion. Let music be love's food."
Kurt Cobain (1967-1994)

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jueves, 8 de octubre de 2015

Todo lo que era yo (Rafa Spunky - (I Feel Like) Bryan Ferry)

CXCVII 
"Don't stop, let's play
And let the music fill your brain 
Don't stop, lose control 
And let the groove lift your soul"

(I FEEL LIKE) BRYAN FERRY
Rafa Spunky
Mitomanía EP
Nocturne Records
2015

Había llegado hasta el punto de no poner música en ningún dispositivo. No era una acción deliberada para evitar tener que escuchar ciertas canciones que me evocaran algo que quería olvidar, no era eso. Era algo más grave. En varias ocasiones intenté cantar alguna canción mientras sonaba en el ordenador y a los diez segundos se me retorcía el estómago y la garganta se me cerraba como si me anudaran la tráquea con un rizo de pescador. Y me empezó a pasar con cualquier canción. Entonces paraba el reproductor. Prefería el silencio.

Había llegado hasta el punto en que los chistes de los vecinos de Montepinar ya no me hacían gracia, las lecturas no pasaban de la tercera página de ningún libro, no podía ver una película entera concentrado, los goles de Messi no me hacían saltar del sofá y las suculentas recetas que llevaba probando desde hacía tiempo fueron sustituidas por latas de fabada o garbanzos a la riojana.

No era difícil detectar la sensación de pérdida, de ausencia de ilusión por todo aquello que antes me hacía disfrutar. Tendemos a pensar que ciertas cosas forman parte de nosotros de forma indisoluble, como extremidades invisibles que no puedes perder. Pero es un craso error, la vida puede amputarte esas extremidades tan necesarias para tu bienestar mental sin que te des cuenta. Y, por supuesto, toca rescatarlas y realizar una operación de urgencia que restituya el estado anterior.

Hecha la reparación, parece ser que los miembros amputados comienzan a recuperar la sensibilidad, el cerebro los reconoce como suyos y la sangre vuelve a correr por sus venas. En algún momento pensé que la música me había abandonado, incluso la llegué a ver como un elemento ajeno a mí. Yo, que empecé escuchando música de bien pequeño con la orquesta de Paul Mauriat sonando en el coche de mi padre, con la Sinfonía del Nuevo Mundo de Dvorák, el Cascanueces de Tchaikovski, la discografía entera de los Beatles, la de Abba, la música disco, cantando una y otra vez las canciones de Grease y de Xanadu, pasando mi adolescencia entre la movida madrileña, los nuevos románticos y el rock sinfónico, descubriendo en mis veintipocos a The Smiths y Van Morrison, dejándome sorprender por el brit pop y el grunge, elevándome a las alturas con la New Age y más recientemente adentrándome en los procelosos y tan opuestos mundos del stoner rock o de la música de club. Si todo esto era yo, me quería de vuelta, y no solo como antes, sino mejorado y ampliado.

Dice Rafa Spunky en una entrevista que "le sorprende la gente a quien le interesa algo más que la música en sí misma". Yo entiendo lo que quiere decir. La música en sí misma ya te lo da todo. No necesitas saber nada del compositor, ni necesitas un vídeo, ni una campaña publicitaria. Si te llena, sobra todo lo demás. Si te hace llorar, cumple su labor; si te hace gritar, libera tu tensión; si te transporta, viajas sin moverte, y; si te hace bailar, te llena de alegría. El tiempo, siempre terapéutico, el otoño, tu propia fuerza interior, el espíritu de supervivencia, me han devuelto aquello que era mío: la pasión por la música. Porque la ella siempre estuvo ahí, así que me siento como Bryan Ferry, sin ganas de parar: 


Y como Rafa Spunky, con ganas de dejarme llenar, de dejarme llevar por el ritmo. Y vaya ritmo el de este tema. La esencia de la música disco en tres minutos y medio, falsetto incluido. Además, Spunky confiesa que le gusta de todo, desde Las Grecas hasta Metallica, ya que siempre hay algo bueno en todo tipo de música. Me sumo a su declaración.


Rafa Spunky's website: rafaspunky.bigcartel.com
Rafa Spunky on: Facebook

domingo, 10 de junio de 2012

Papá (Le Grand Orchestre de Paul Mauriat - Au coeur de septembre/Try To Remember)

CXLV
(...)

A MI PADRE

AU COEUR DE SEPTEMBRE/TRY TO REMEMBER
Le Grand Orchestre de Paul Mauriat
Vol 6
Philips
1967

Aunque no destacaba por tener un conocimiento musical variado y extenso, a mi padre le encantaba escuchar música, su música, la que le gustaba. No era de descubrimientos, pero hasta poco antes de irse seguía disfrutando de la banda municipal que tocaba distintas piezas los domingos por la mañana en el templete del Parque Ribalta. Sin embargo, su discoteca personal constaba casi exclusivamente de dos cintas de cassette: la Sinfonía del Nuevo Mundo de Dvorák y el Cascanueces de Tchaikovski. De más mayor le regalé Las Cuatro Estaciones de Vivaldi para intentar ampliar el repertorio. Pero antes de estas él ya tenía en sus manos una de la orquesta de Paul Mauriat. Eran los primeros años 70 y el compositor y arreglista francés era el número uno en el hilo musical. El caso es que a falta de los primeros vinilos que entraron en mi casa, la primera música que yo recuerdo salir del viejo magnetofón Philips eran las versiones que Paul Mauriat hacía de famosos temas de otra gente y que para mí siempre han sido las verdaderas versiones originales.

Nunca ha sabido que mi pasión por la música nace de esos interminables viajes familiares en coche con la única compañía musical de un radiocassette que pasaba de Tchaikovski a Dvorák pasando por Paul Mauriat y vuelta a empezar. ¡Cómo no quedarse esas melodías grabadas a fuego en la memoria! En todos estos años he escuchado a los dos compositores clásicos cientos de veces, pero han tenido que pasar más de treinta años para que el cerebro rescatara del olvido los temas de Paul Mauriat. Esa música va irremediablemente asociada a la imagen de mi padre conduciendo su SEAT 132 y a mí viendo pasar el paisaje por la ventanilla sin reparar en cómo esos instantes aparentemente intrascendentes se iban a quedar grabados de una manera tan fuerte. Esta noche mi corazón intenta recordar más cosas, pero es demasiado pronto. Tal vez demasiado pronto para poner en una lista todos los recuerdos de mi padre y disfrutarlos con sosiego y sabiduría. Nuestra memoria es selectiva; caprichosa e impredeciblemente selectiva.


Hay, sin embargo, un recuerdo recurrente que me acompañará toda la vida: "¿te acuerdas, papá, cómo te sentabas junto a mi cama haciendo de Spencer Tracy para cantarme la canción de Manuel, el marinero bonachón de Capitanes Intrépidos que confesaba inventarse melodías? 

"Ay mi pescadito ya no volverá 
porque se ha caído hasta el fondo del mar" 

A mí me daba mucha pena pensar en un niño que se ahogaba en el mar y siempre me dormía con la congoja por tan triste final. Sobre todo porque no había visto la película para comprobar que quien moría ahogado era Manuel y que mi padre, también Manuel, de igual modo se había inventado su propia letra. 

Quizá es demasiado pronto para que su recuerdo se dibuje más claro y luminoso, porque han pasado escasos días tras su marcha y aún lo veo andando lento, apoyado en su bastón, con la mirada algo ausente, apagándose poco a poco. Cuando acaba el día, quisiera recordar a mi padre dándome volteretas, pintando un cuadro, haciéndome cosquillas o contándome cuentos de ogros justo antes de dormir, pero sólo consigo escuchar a Manuel cantando su nana inventada y a un Freddie Bartholomew envuelto en lágrimas gritando su nombre: "¡Manuel, Manuel!"


ENLACES/LINKS:
Paul Mauriat oficial: paul-mauriat.com
Sitio no oficial: www.soundtrackfan.com/pmauriat/index.html